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Un siglo de tebeos: Retrospectiva de la historieta en la Comunidad Valenciana (II)

20/07/2016

Ve d’ací

-Siguiendo con el tema de los 7 Monos y los grupos, ¿piensas que surgió como una manera de rememorar a la Escuela Valenciana y a la Nueva Escuela Valenciana? ¿O simplemente os juntabais para realizar proyectos comunes aunque tuvieseis estilos tan distintos?

Los precedentes siempre están ahí. Si bien no había la intención directa de emular a la Escuela Valenciana, sí había la conciencia de continuar una tradición… combinada con las esperanzas de juventud de estar haciendo algo que no ha hecho nadie antes (¡Donde ningún hombre ha pisado jamás!).

-Después tu carrera coge un rumbo alucinante, te vas a Argentina, y publicas en Clarín. Cuéntanos tu aventura.

A Argentina me voy a experimentar la vida. No creo que haya otra forma de definirlo… Me marcho decepcionado del doctorado en Bellas Artes, de las pésimas condiciones laborales en los estudios de diseño en los que voy trabajando… y llego a un país en pleno corralito, con los bancos cerrando y una crisis tremenda (como aquí, sí, pero imaginen que un día su oficina bancaria cierra y no le dejan sacar su dinero): gente en la calle, caceroladas día sí día también… Y se aprende mucho sobre “l’arte di arrangiarsi” (el arte de apañárselas), que dicen los italianos… Y, entre todas las cosas que hice para apañármelas (¡era joven y necesitaba el dinero, no me juzguen!), logré vender una serie de ilustraciones sobre jazz al suplemento musical del diario “Clarín”…

-Has publicado para la Academia Valenciana de la Lengua la obra sobre Teodoro Llorente, una obra sobre su vida, junto a la que además se ha publicado una guía de trabajo muy extensa para que los profesores, en sus clases, puedan trabajar el cómic y la obra de este autor. ¿cómo ves el cómic como medio para estudiar? En Japón hay cómic, manga, para cualquier actividad y tema, ¿podría llegarse a esto en España?

Para la Acadèmia de la Llengua he dibujado durante varios años el cómic de “L’escriptor de l’any” (Llorente, Valor, Eiximenis, Jaume I) y un par de obras sobre fiestas tradicionales (El Cant dels Angelets d’Ontinyent y El Misteri d’Elx). El cómic es un medio excelente de difusión… el problema es que este tipo de iniciativas siempre se consideran un “extra” y son las primeras en caer cuando falta la financiación, cambia el gobierno, etc…

En cuanto a si podemos llegar a una estabilización en el uso del cómic como material didáctico en este país… primero es necesario lograr un acuerdo a largo plazo sobre planes educativos (esos que vamos cambiando cada cuatro años) y, sobre esa base firme, podríamos empezar a hablar del uso de materiales como el cómic, el cine… Tal como van las cosas educativamente hablando, imposible (y estoy siendo optimista…).

-Además de la obra sobre Teodoro LLlorente, Tirant lo Blanc o Jaume I, publicas, desde hace años, en la revista Camacuc. Esta es una de las pocas publicaciones de cómic en valenciano. ¿Qué piensas sobre la edición de cómic en lengua autóctona en Valencia? En Cataluña sí que se traducen más títulos: Asterix, Tintin, Arrugas…

A Camacuc se le debería levantar un templo. Su esfuerzo incansable nunca le será suficientemente reconocido a los Joans (padre e hijo). Hay que apoyar más a Camacuc y a cualquier iniciativa similar.

Respecto a la edición de cómics en valenciano, el problema de fondo es el de siempre: la economía. En este caso combinado con el siempre complicado tema de “l’ús de la llengua”. La edición necesita un mercado. En Cataluña, en Euskadi (o en Finlandia, vaya) hay un público que quiere leer en su lengua (y que permiten que las ediciones se vendan). Aquí (en parte por las pésimas políticas de promoción de la lengua que se vienen aplicando), la mayor parte de la gente o no lee en valenciano (o no lee, sin más). Con lo cual, si no hay mercado, ni apoyo institucional, iniciativas como Camacuc o La Pelitrúmpeli son gotas de agua en un desierto cada vez más grande…

Continuarà…

Un siglo de tebeos: Retrospectiva de la historieta en la Comunidad Valenciana (I)

04/06/2016

El març de 2013, la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu i l’Associació valenciana del còmic (ASOVALCOM) van organitzar la mostra Un siglo de tebeos. Retrospectiva de la historieta en la Comunitat Valenciana (1913-2013), exposició que pretenia donar a conéixer la riquesa del còmic valencià, des dels seus orígens fins a l’actualitat, repassant els seus autors, personatges i editorials i mostrant la seua evolució. En aquella ocasió vaig ser un dels afortunadíssims autors que van veure la seua obra exposada en la mostra. L’any passat (el 2015), l’esforç dels amics d’ASOVALCOM va donar fruit en la publicació d’un extraordinari catàleg que repassa l’exposició i que conté, a més a més, una secció d’entrevistes a notables autors valencians, entre els que em feren l’honor d’incloure’m. He pensat que, potser, seria interessant recuperar aquella entrevista (que em va fer el grandiós Ricardo Engra) en la que em mostre (com sempre) sense filtres: sincer i destrellatat a parts iguals!

Un siglo de tebeos

-¿Cómo empiezas en el mundo del cómic? ¿Influye tu decisión de dedicarte al mundo del arte que en tu casa la cultura esté tan presente? Recordemos que tu padre tiene una intensa relación con la cultura valenciana.

Lo cierto es que empiezo en el mundo del cómic en el quiosco que había debajo de la casa de mi tía Pilarín, de la mano del Spiderman, La masa y los Vengadores, de Ediciones Forum. Ahí me atraparon y ya nunca pude escapar… El paso a “protoautor” lo hice en fanzines (Rol con Don, Los últimos del barrio, Moixama), tanto en el instituto como en los primeros años de Bellas Artes. “Fanzine” es una palabra que no describe aquellas descacharrantes grapas maquetadas con Pagemaker y fotocopiadas en la papelería del pueblo…

Mis padres. Ese es un tema a parte. Por temas de marketing y publicidad, me gustaría poder decir que soy un rebelde de rojiza melena al viento con una tormentosa relación con mis padres (queda muy de chico malo y eso), pero lo cierto es que cualquiera que me conozca sabrá que el tema de la melena lo llevo mal y que adoro a mis padres, que me adentraron desde muy pequeño en el infinito mundo de la literatura, el arte y el amor por los libros. Sin ellos nada habría sido lo mismo.

-Siguiendo con tus inicios, terminas Bellas Artes y conoces al grupo 7 Monos, de hecho serás conocido como el Octavo Mono. Lo primero cuéntanos la historia de este sobrenombre.

Con varios de los 7 Monos (Jordi Bayarri, Víctor Santos, Sergio Córdoba, Juan Pedro Quilón) comparto asignaturas, amistad y cafés en Bellas Artes y, a través de ellos, conozco al resto del grupo (Nacho Sanmartín, Mel C y Mel B (Manuel Castaño y Manuel Bartual) y Xoan Marín. La claridad de ideas que exhiben (porque en 7 Monos se tiene clarísimo que se aspira a la profesionalidad) me dejan epatado. Sin duda ellos son los que inclinan la balanza de Jesús Huguet hacia el mundo del cómic (tal vez el mundo haya perdido un gran escultor minimalista… tal vez no).

El tema mi “sobrenombre” es curioso (eso sí, que nadie espere una anécdota con descapotables, montañas de dinero y bellas mujeres). El nombre de 7 Monos es un homenaje a la película 12 Monos, de Terry Gilliam. Según cuenta la leyenda, en una de las reuniones de los monos originales se pusieron el “Monos”, por la película y el numeral “7” por el número de miembros… hasta que se dieron cuenta de que eran, en realidad 8. Pero (estos artistas) “8 Monos” no les gustaba… y se quedó 7 Monos (aunque fuesen 8). Por tanto, yo soy el “octavo mono”… aunque fui, en realidad, el mono número nueve. El nombre “El octavo mono” se lo inventó el ilustre Manuel Bartual y, en principio, era un “subsello” en el que iban a publicar autores que no pertenecían originalmente a los Monos. Al final únicamente publiqué yo… y me quedé con el nombre. Ya os dije que no esperaseis una peli de Bond, amiguitos. En cualquier caso, pido disculpas a todo aquel que pueda haberse sentido defraudado por el párrafo anterior.

Continuarà…